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¿Y la verdadera educación?

En materia educativa, el gobierno negocia el futuro de nuestro país, evitando problemas en lo inmediato y contribuye a la deformación de la cultura de la legalidad.



Ceder impunidad y perdonar el incumplimiento de las responsabilidades, además de plantear la posibilidad de revisar el marco legal de la legislación en materia educativa, es una muestra más de lo que sucede a lo largo y ancho del país con respecto al incumplimiento de la ley, la violación a los derechos de los demás, de la irresponsabilidad por las acciones y de la falta de educación, en general, en todos los niveles.
El gobierno abdica de su obligación, porque es incapaz de imponer la ley con respecto a estos grupos que lo chantajean con la falta de legitimidad, porque la autoridad responsable de investigar la corrupción y los delitos no lo hace con sus amigos o quienes los apoyaron para llegar y mantenerlos en el poder.
Por un lado, se retrocede en uno de los aspectos más importantes de las deficiencias de nuestro país, y que nos tiene en las condiciones en que vivimos: un deficiente sistema educativo. La consecuencia será seguir perdiendo décadas para avanzar en mejorar la educación nacional y que nuestros jóvenes tengan la formación que los haga competitivos a nivel internacional.
Por otro lado, se reafirma el sistema de complicidad con las ilegalidades de todo tipo: de colaboradores del servicio público, de compañeros de partido o de contrapartes de un chantaje político.
Lo más lamentable de la situación es que amplios segmentos de la sociedad consideran que pueden hacer lo que quieran porque en nuestro país, desde sus hogares, sus comunidades, desde el Estado mismo y, en general, en todo el país, se perdona o se pretende justificar todo.
Para revertir la inercia del problema, además de demandar un cambio en las estrategias gubernamentales de complicidad con la corrupción y la delincuencia, deberíamos reforzar los esquemas de formación y educación de los jóvenes que, en un futuro inmediato, guiarán a la sociedad mexicana del mañana.
En muchos sentidos, estamos padeciendo problemas que se vienen incubando desde hace varias décadas por la falta de una educación integral de nuestros jóvenes, se deja de formar a ciudadanos con valores y responsables de sus acciones, además del compromiso consigo mismos, su familia, su sociedad, su entorno ecológico, ya no digamos con su país.
Ahora tenemos l@s Lady de Polanco, Lord Ferrari y tantos sobrenombres de personas, en todos los estratos sociales, que le faltan el respeto a sus padres, a sus vecinos o a la sociedad en general, y difícilmente encontramos casos (aunque hay excepciones) de jóvenes altruistas a favor del país… pero, sobre todo, tenemos jóvenes con una falta de respeto a la formación del individuo consigo mismo.
La falta de educación de las mujeres y hombres del futuro, que es el mayor y más importante recurso de una nación, ha redundado en que, hoy por hoy, tenemos que lidiar con muchos jóvenes prepotentes que carecen de valores, entre ellos, de la formación adecuada de respeto a sus mayores o para hacerse responsables de sus acciones en la vida.
Es indispensable demandar del Estado el respeto a su obligación de cumplir y hacer cumplir la ley; al igual que la sociedad también debe concientizar a los jóvenes que estamos formando para la vida del mañana.
Aún estamos a tiempo de rectificar el camino y revalorar la formación desde los hogares, con niños responsables de sus acciones, de jóvenes comprometidos con su familia, su comunidad, su país, pero, sobre todo, consigo mismos.
En la medida en que formemos ciudadanos comprometidos con los valores integrales del ser humano respetuoso de sí mismo y de los demás, y que rechacen la complicidad con la corrupción, se fortalecerán las instituciones que garanticen un Estado democrático de derecho.
Difícilmente lograremos la conformación de una sociedad en la que se respeten los derechos de todos, si no rechazamos al gobierno que viola la ley ante los casos de corrupción y negocia impunidad para mantenerse en el poder.
La educación de los ciudadanos que exijan, demanden y construyan las instituciones responsables de un Estado democrático está a cargo de los hogares, más que del Estado mismo.

Autor:Exelcior Fuente:http://www.excelsior.com.mx/opinion/armando-salinas-torre/2016/08/03/1108692