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¿Cumplir el derecho a la educación?

El sistema educativo nacional opera de manera insuficiente y desigual, que en ninguna modalidad escolar los centros cuentan en su totalidad con las condiciones básicas para la enseñanza y el aprendizaje y que las mayores carencias se encuentran en las escuelas ubicadas en los contextos más desfavorables, en las cuales se atiende a la población con mayor grado de vulnerabilidad. Silvia Schmelkes del Valle, presidenta del INEE



El sistema educativo nacional opera de manera insuficiente y desigual, que en ninguna modalidad escolar los centros cuentan en su totalidad con las condiciones básicas para la enseñanza y el aprendizaje y que las mayores carencias se encuentran en las escuelas ubicadas en los contextos más desfavorables, en las cuales se atiende a la población con mayor grado de vulnerabilidad. Silvia Schmelkes del Valle, presidenta del INEE
De acuerdo con el maestro Pablo Latapí, no se puede ejercer ninguno de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos o culturales sin un mínimo de educación, por lo que recibir educación se constituye en un derecho consagrado en nuestra carta magna, la cual se encuentra apenas a 17 días de cumplir sus primeros cien años de vida.
Con las reformas a la legislación educativa del año 2013 se le agregó, bajo un estridente mensaje de logro del Gobierno federal, el término calidad, el cual, el secretario de Educación investido a profeta, estableció que dicho término por arte de magia y sin mayores inversiones realmente trascendentales en el ramo, habría de transformar la educación con el solo acto de evaluar al magisterio y sin tocar ni los planes y programas y por supuesto sin tocar el tema de llevar a cabo una evaluación a las autoridades educativas.
Para ser más específico, en el artículo 3º, señala que la educación que imparta el Estado ha de ser de calidad, entendiendo por ello “…que los materiales y métodos educativos, la organización escolar, la infraestructura educativa y la idoneidad de los docentes y los directivos garanticen el máximo logro de aprendizaje de los educandos” lo cual, a menos de dos años de que culmine la actual Administración federal, resulta complicado el poder observar que las acciones desarrolladas desde la errónea política educativa, puedan detonar en acciones que logren mejorar la ya de por sí deteriorada calidad de la educación en nuestro país.
Como una muestra más de ello, en días pasados se presentó por parte del Instituto Nacional para la Evaluación de Educación (INEE) el documento que muestra los resultados de “La evaluación de condiciones básicas para la enseñanza y el aprendizaje” (ECEA), la cual fue diseñada con el propósito de conocer la medida en que las escuelas de la educación obligatoria en nuestro país cuentan con condiciones básicas para su operación y funcionamiento.
La primera aplicación de ECEA inició en el nivel de educación primaria tomando en consideración la evaluación de siete ámbitos que son: infraestructura para el bienestar y aprendizaje de los estudiantes, mobiliario y equipo básico, materiales de apoyo educativo, personal que labora en las escuelas, gestión del aprendizaje, organización escolar y la convivencia escolar para el desarrollo personal y social.
El que podamos ver que en pleno siglo XXI más del 44 por ciento de todas las escuelas primarias del país no sean escuelas de organización completa o multigrado, que son aquellas en las cuales un profesor enseña a más de un grado educativo al mismo tiempo, es decir, uno, dos o más cursos en un mismo salón de clase, es un síntoma de la gravedad de la situación que priva en nuestro país, donde las recientes decisiones de política educativa no han marcado aún diferencia alguna y se afirma, desde el propio INEE, que en nuestro país, ningún centro escolar cuenta con todas las condiciones básicas para la enseñanza.
El sistema educativo nacional se asienta sobre la realidad que vive día a día una mitad de la población que sufre al no poder satisfacer sus necesidades más apremiantes generando con ello condiciones graves de inequidad que, con los recientes incrementos propiciados desde la decisión de incrementar los precios y los impuestos a los combustibles, se agrava aún más.
Puede haber miles de evaluaciones más, sin embargo, mientras no se tome en consideración el contexto y el apoyo –no sólo con palabras– a la labor que a diario realiza el magisterio nacional, pocas podrán ser las consecuencias positivas para la niñez mexicana y con ello a cumplir su derecho a la educación.
Autor:El Heraldo Fuente:https://www.elheraldodechihuahua.com.mx/columna/cumplir-el-derecho-a-la-educacion