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Laberinto de carencias educativas.





Hace poco más de un mes, un grupo de compañeros organizamos una actividad sobre redes sociales para chavales de entre 8 y 11 años. La dinámica era sencilla: en un folio (“mural”) dibujaban su juguete favorito, y en otro, uno que tuvieran olvidado o no les gustara. Tras esto, lo “comentaban” entre ellos escribiendo en un post-it. Independientemente de los objetivos propios de la sesión, se intentaba extraer conclusiones que nos ayudasen a ver, en primer lugar, cómo conducir futuras actividades para educación en nuevas tecnologías. ¿Lo logramos? Para bien o para mal, sí. Podría enumerar nuestras conclusiones y elaborar un artículo para cada una de ellas. Probablemente, un día lo haga pero, por el momento, sólo voy a hablar del espacio que las engloba. Como reza el título, un laberinto de carencias educativas. Es muy fácil cargar contra el sistema educativo. Si googleáis, encontraréis artículos, charlas, estudios y análisis con datos, fórmulas y expresiones que justificarán de todas las maneras estimables las razones por las que nuestro sistema educativo es ineficiente. No voy a ponerme a hablar de estudios, evaluaciones y números que no he contrastado. No hablaré de que se invierta “x” o “x+1″ en educación; me remitiré a lo que he visto: a los niños no les gusta ir a clase.
¿Cuál fue nuestra “no sorpresa”? Que vimos que varios de los chavales, de distintas edades y sexos, dibujaban libros de ciencias sociales, matemáticas o lenguaje en la parte del mural de “no me gusta”. De hecho, muchos niños, cuando veían o que habían dibujado sus compañeros, exclamaban cosas del tipo: “Qué morro; no sabía que se podían dibujar libros del cole”, o: “¡Hala! Si se me ocurre, lo pongo yo también”. En un primer momento, uno piensa: “Es normal”. Y he ahí el problema, que no es normal. Es una aberración. Desde pequeños se les empuja (involuntariamente, supongo) a que no les guste ir a clase, no quieran hacer los deberes, no disfruten aprendiendo y les aburra lo que les cuenta el profesor. Más tarde, eso podrá desembocar en abandono escolar, falta de interés y, a la larga, de desempeño en su ejercicio profesional. ¿Por qué se hacen las cosas así? Conjeturo que “repetir patrones”, aunque tedioso, era útil durante la revolución industrial, hace un par de siglos, por lo que se definió un sistema educativo que sigue hasta nuestros días (“Completa la ficha siguiendo la línea de puntos”. ¿Os suena?). ¿Por qué? Porque lo conocido, aunque tedioso, da más confianza que lo innovador. Conjeturo.
Por fortuna, ya hay mucha gente que se ha dado cuenta de todo esto, con sistemas pedagógicos que enseñan en base al juego y a la motivación y no a la repetición y la poca consideración hacia el tiempo libre, escuelas que empiezan a trabajar por proyectos, interacción con los educandos y respeto a las necesidades de cada etapa de crecimiento de los mismos.
Personalmente, busco educar en nuevas tecnologías. Quiero que las siguientes generaciones tengan la capacidad de adaptarse a la evolución constante de la humanidad y de hacer un uso responsable de esta. Sin embargo, es necesaria una base en la que puedan aprender sin aburrirse y sientan amor por ello, para que cuenten con unas habilidades de convivencia y trabajo en equipo y estén educados en unos valores que hagan que la evolución tenga futuro.
Si no trabajamos estas bases, toda integración de las nuevas tecnologías en el sistema educativo no es más que un pegote inservible. Por fortuna, como he dicho antes, el cambio comienza a gestarse.

Autor:Geeky Theory Fuente: