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No sabemos lo mal educados que estamos.

Empresarios y expertos se reunieron en Medellín para hablar sobre los retos que enfrenta la educación en Latinoamérica.



Aunque la cobertura en educación para la primera infancia creció en toda América Latina pasando de 56% a más de 74%, aún persiste desigualdad para acceder a este derecho. Más de la mitad de aquellos que estudian en primaria no alcanzan los conocimientos mínimos para su nivel escolar, el 18% de los latinoamericanos entre 15 y 19 años no estudian ni trabajan y sólo el 21% de los jóvenes más pobres del continente terminan el bachillerato.
Este es el tema principal del debate convocado en Medellín por el “II Seminario Internacional Primera Infancia, situación actual y desafíos”, organizado por la Fundación Empresarios por la Educación, representante por Colombia de la Red Latinoamericana por la Educación (Reduca).
La red viene trabajando desde hace cinco años por construir puentes entre la sociedad civil y los gobiernos para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, razón por la que organizaciones sociales, fundaciones empresariales, centros de investigación, docentes y expertos de catorce países se reúnen en Medellín.
David Calderón, director de Mexicanos Primero, asegura que Latinoamérica no solo es una sociedad inequitativa sino además dividida y cuya problemática se ha ido reforzando en los centros educativos con la construcción de escuelas para pobres, para la clase media y para ricos sin que ninguna de las tres sea buena. “Estamos tan mal educados que no sabemos lo mal educados que estamos”, dice Calderón.
Pero para combatir la inequidad, aseguran los expertos, es necesario encontrar modelos pedagógicos diferentes, que den resultados en los sectores más vulnerables; reforzar la formación inicial de los docentes para que comprendan los diferentes contextos socioculturales de niños y jóvenes, y sobre todo, contar con los recursos y financiamientos necesarios para abordar el tema.
Es ahí donde la evaluación nacional de los docentes empezaría a jugar un papel trascendental hacia el buen aprendizaje, acompañada de una evaluación interna en cada una de las instituciones educativas que permita guiar los procesos de mejora escolar y medir el impacto en niños y jóvenes.
Nivia Rossana, presidenta de Juntos por la Educación Panamá, considera que “el reto está en lograr que los mejores candidatos elijan la profesión de docencia para que el capital humano de la sociedad esté en manos de los más preparados. Eso es lo que ofrecen las evaluaciones, nos permiten sacar del anonimato al mal docente y al buen docente”.
La escuela como escenario de reconciliación
Otro de los retos que deben plantearse los gobiernos latinoamericanos es el de convertir las escuelas en laboratorios de valores que promuevan el respeto por las diferencias.
“La paz, la colaboración y los climas de bienestar no se enseñan desde la teoría, se viven. Los docentes son quienes deben modelar esos valores, trabajar en el respeto por las diferentes opiniones y comprender los diversos contextos de las comunidades en las que se trabaja”, dice Miretxu Anaya, directora de Educación 2020 Chile.
Mario Waissbluth, presidente de Educación 2020, asegura que muchos de las propuestas políticas quedan en promesas incumplidas porque son costosas, rinden resultados en décadas y por ende no son electoralmente rentables. “Regalan computadores, que ya sabemos que sirven de poco cuando no hay buenos profesores. Cortan cintas cuando inauguran instalaciones educativas, pero no se preocupan de llenarlas de excelentes educadores de preescolar, que es lo más importante. Pero también deben existir incentivos económicos y cada país tiene que comprometerse con esa inversión”, concluye Waissbluth.

Autor:El Espectador Fuente: