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"No hay necesidad de enseñar a dividir con decimales"



Fuente:https://yosoytuprofe.20minutos.es/2019/04/30/entrevista-david-calle/?fbclid=IwAR2x_wOlUL2Hl1SYjTPekpJCpjTEP7VE5wh2H7iZA0dIib4Pqfnea3kKgxc


Hoy entrevistamos a David Calle @davidcpvm , conocido por su canal Unicoos ,el youtuber de las matemáticas más famoso de España y de medio planeta.
En estos años volcando contenido educativo a las redes ha conseguido motivar y ayudar a miles de estudiantes a superar las asignaturas de ciencias. Más de 1 millón de suscriptores en su canal le avalan, superando sus vídeos los 180 millones de reproducciones.
Gracias a ello fue nominado a los «Global Teacher Prize», también conocido como los «Nobel de la docencia». Muy cercano, haciendo una defensa a ultranza del gremio docente, nos concede esta entrevista donde nos habla sobre cómo ha conseguido llegar hasta aquí y también sobre sus próximos proyectos, como el beUnicoos. La clave, seguir compartiendo y enseñando diariamente.
P. ¿Hubieras pensado hace unos años que serías “famoso” por dar clases de matemáticas?
R. No, ni muchísimo menos. Cuando empecé a grabar vídeos en la academia y vi que iba a más, nunca pensé que iba a llegar a ese nivel de viralidad. No me lo podía imaginar.
P. ¿Qué te ha llevado hasta aquí?
R. Al principio fue muy duro, aunque siempre lo traté con mucha ilusión. Los dos primeros años subí muchos vídeos y lo que moneticé de YouTube fueron 50 euro. Todos los días grababa dos o tres vídeos y era mucho trabajo. No tenía conocimientos sobre edición, tuve que aprender poco a poco para mejorar. La idea era llegar al mayor número de gente posible, ayudar.
Aun así, fue muy ilusionante y lo disfruté muchísimo. Visto con perspectiva, aquello se convirtió en una pequeña locura, eso sí, con mucha pasión y trabajo.
P. Claro, mucha gente puede pensar que solo hace falta subir un vídeo y ya llegas a todo el mundo.
R. No. Los dos primeros años subí más de 400 vídeos. Era un momento en el que la plataforma de YouTube no estaba tan optimizada como ahora. Tampoco había otras redes sociales como Instagram.
Yo se lo comento a los chavales que dicen querer ser youtubers. Si es lo que les apetece y es lo que quieren ser, tienen que saber que esto es mucho más difícil de lo que creen, hay mucho trabajo detrás. Aun así, les animo a hacerlo, será su primer contacto con el mundo laboral.
«Los dos primeros años, con más de 400 vídeos, gané 50 euros de YouTube»
P. Pero, ¿alguien le dio la idea? Subiste 400 vídeos en dos años y, como comentas, por dinero no era, 50 euros no compensan tanto trabajo.
R. Yo pensaba grabar vídeos, incluso antes de YouTube, pero me daba vergüenza. No solo ya para llegar a más estudiantes que no estuviesen en mi academia, sino para que mis alumnos tuviesen esa ayuda los fines de semana, cuándo les tocaba estudiar solos. Evidentemente, al principio, viral no se hicieron, pero me veían 200 o 300 personas. Al final, como me gustaba lo que estaba haciendo y llegaba una retroalimentación positiva, continué. De hecho, los primeros vídeos van dedicados porque eran peticiones de alumnos a través de los comentarios.
P. ¿Por qué cree que dan tanto miedo las matemáticas?
R. Existe muchísimo prejuicio. Incluso a través de las familias, lo típico es que, tu padre o tu madre diga “ a mí también se me daban muy mal.» También influye la forma en la que se imparten, sin culpar a los docentes. Se transmiten las matemáticas desde un punto de vista demasiado teórico y demasiado enfocado al cálculo puro y duro.
Por ejemplo, la división con dos decimales. No hay necesidad de enseñar en primaria a dividir con decimales. Lo ideal sería explicar para qué sirven, enseñar a entender los problemas, ni siquiera a plantearlos, simplemente a entenderlos. Los alumnos y alumnas de esas etapas deben saber que las matemáticas se encuentran a su alrededor, que vean ejemplos bonitos y divertidos.
«No hay necesidad de enseñar en primaria a dividir con decimales «
P. Entiende entonces que el problema está en la base …
R. Sí, sí, evidentemente. A los chavales les cuesta mucho porque se enseñan cosas muy duras. El ejemplo es el de la división con decimales. Calcular como locos en un siglo en el que ya no hace falta. Ninguno de nosotros ha vuelto a hacer una división con decimales desde que salió del colegio. Ahora tenemos calculadoras, ordenadores que nos resuelven estas operaciones.
«Llevo más de 20 años dando clases en una academia, creo que puedo llamarme profesor»
P. Sabe que mucha gente le cuestiona porque no es profesor de aula, ¿cómo lleva esas críticas?
R. Ahora muy bien (sonríe). Al principio no entendía mucho las críticas porque yo intentaba ayudar a todo el mundo. Además, en todas las entrevistas, siempre he puesto en valor el trabajo de los otros. Por eso no lo entendía.
Sé que no soy un profesor de instituto, pero llevo veinte años dando clases en una academia. También he tenido chavales que sacan buenas notas, otros que no. Son veinte años y tengo una experiencia, creo que puedo llamarme profesor o llámame X, pero si me preguntan, tengo que decir que soy profesor, es lo que hago. No puedo decir, soy empleado en un centro de estudios.

P. No obstante, es un referente en contextos informales. ¿Sientes que la educación debe dar más valor a estos escenarios?
R. Bueno, yo me siento valoradísimo. Tanto por los chavales, como por los profesores, como por las familias.
Creo que hay que perderle el miedo a la tecnología. Los propios alumnos demandan que el mundo que tienen fuera del aula y el mundo que tienen en el aula se parezcan más. Eso les tiene bastante desorientados. Les obligamos a estar durante horas en los institutos sin estar con el móvil, sin poder buscar información en internet, por ejemplo. Sin tener sentido crítico, eso en el mundo laboral es impensable. No tiene sentido.
«Hay que utilizar el móvil en las aulas, solo le veo ventajas»
P. Entonces, no estás a favor de los que plantean prohibir los móviles en las aulas.
R. No, por supuesto. Solo le veo ventajas. Hay que utilizar el móvil de forma responsable. Muchas veces los adultos somos los principales irresponsables. Tenemos el móvil en la mano mientras cenamos con amigos o cuando vamos, incluso, conduciendo. Evidentemente, tenemos que controlar cómo gestionan sus redes sociales (Instagram, Facebook, Twitter), pero incluso en las redes sociales pueden servir para educar. Debemos empezar a perder el miedo.
En Canadá, por ejemplo, el móvil está en las aulas y es el alumno quien decide si lo coge o no.
P. En su faceta de profesor universitario, en el máster del profesorado, ¿cómo ve a las nuevas generaciones, las siente preparadas para ejercer como docentes?
R. Sí, llevo dos años y espero continuar impartiendo “Innovación didáctica y TIC asociada a la Física y a la Química.” Les siento más preparado que yo. Les veo preparadísimos. Y lo que más me sorprendió, con una ilusión increíble. Con muchas ganas de aportar algo. Lo cierto es que podrían tener otro tipo de trabajo, en eso me siento identificado, yo soy ingeniero y me dediqué a la docencia porque me quedaba en paro, pero luego me quedé en ella por pura dedicación y por puro amor.
Están preparadísimos desde el punto de vista teórico, eso es indudable. Tal vez deben aprender aspectos didácticos, no es lo mismo saber mucho de una asignatura que saber impartirla o saber transmitir. En la parte de innovación y TIC yo alucino porque he conocido multitud de aplicaciones que no conocía gracias a ellos y ellos igual, porque han descubierto que se pueden hacer muchas cosas.
En todos los casos todos te dicen lo mismo, “no quiero enseñar Física o Química” de la misma manera en la que me lo enseñaron a mí. Y eso lo comparto al cien por cien.
«No quiero enseñar de la misma manera que me enseñaron a mí»
P. Comentas que te sorprende el entusiasmo. Tal vez, ¿está extendido que los profesores de secundaria llegan de rebote?
R. Me sorprendió eso. El rebote es normal. Yo, por ejemplo, si no me hubiese quedado en el paro, no hubiese empezado en la academia y no me hubiese dedicado a la docencia. Sería un ingeniero muy triste, pero un ingeniero.
En muchos casos, es por pura vocación, otros sí son por accidente, porque no encuentran otras oportunidades laborales. Aun así, veo la ilusión en todos ellos. Hay ilusión, pasión y ganas por cambiar las cosas.
P. ¿Qué recomendaciones les das a tus estudiantes?
R. Que sean ellos mismos, que no traten de parecer mejores de los que son y que traten de empatizar con ellos, que los escuchen y que intenten cambiar las cosas. Deben ser conscientes de que se van a enfrentar a situaciones muy duras. Y no lo digo por mí, yo no soy profesor de instituto, es una profesión muy dura, se tendrán que enfrentar también a oposiciones muy duras, a cambios constantes de destino y a mucha burocracia.
Al igual, a muchos estudiantes que no van a querer ir a clase, que no van a querer atender y que, al final, son ellos los que van a tener que intentar motivarles y que sean los verdaderos protagonistas. Es una tarea muy muy dura, pero tienen que intentarlo. En esa mitad de la clase que no presta atención también está el futuro de este país. No solo en la que saca mejores notas.
«Muchos estudiantes no alcanzan el ritmo de las clases, esto hace que desconecten y se rindan»
P. Cuando das clases particulares, con una atención personalizada, con quién más te encuentras es con chavales que no son los mejores de la clase…
R. Los que no prestan atención a veces es porque no están motivados o porque no les hemos llegado a motivar. Pero también, en muchos casos, es porque no son capaces de seguir el ritmo de la clase. Llega un momento que se rinden y desconectan. Es el 90% de los casos que vemos en la academia. Sin embargo, cuando empiezan a entender las cosas, empiezan a motivarse y coger el ritmo. Con esto no quiero culpar a los docentes, mucho cuidado, por desgracia hay muchos estudiantes en una clase. Esto impide que los docentes puedan atender todas las diversidades que se pueden dar en un aula.
Cuando hago videos o en los nuevos proyectos en los que ando inmerso, como “beunicoos” , solo pienso en aquellos chavales que no son capaces de seguir el ritmo. También en aquellos que quieren ser excepcionales y sacar un diez, por supuesto. Ojalá los nuevos gobiernos ofrezcan todos los recursos posibles a la educación.

P. Si piensas en el futuro o en el presente a corto plazo de la educación, ¿cómo te gustaría que fuese?
R. Con aulas de veinte alumnos, no más. Con contenidos didácticos menos orientados a la memorización y al cálculo puro y duro. Claro que tienen que memorizar y calcular, pero también hay que enseñarles a buscar en internet, a ser asertivos, a trabajar en equipo… Deben utilizar las tecnologías para ser mejores. Yo no tenía esas oportunidades. Hay que enseñarles a trabajar duro, eso también.
Se debería cambiar la manera de impartir algunas asignaturas para que sean más cercanas y adaptadas al siglo en el que estamos. Muchas veces el profesor copia fórmulas en la pizarra, los alumnos las apuntan y luego se tiene que enfrentar a ellas en casa, solo, sin haber escuchado en clase lección.
«Solo puedo dar las gracias a los profesores que he tenido, gracias a ellos estoy aquí»
P. Para terminar, antes decías que “no quieres enseñar de la misma manera que te enseñaron a ti”, pero entiendo, que tal vez hubo algún docente que sí te marcó en tu etapa educativa como estudiante, tal vez no. Si es así, ¿quién y por qué?
R. Pues fue mi profesor de Filosofía y fue quien me convenció, por ejemplo, para hacer telecomunicaciones. Tenía una relación muy cercana con él. Hubo una época que estaba muy perdido, estaba siendo un “gamberrillo” y sentí por su parte mucho apoyo, mucho amor y me regañó muchísimo. Luego me dio mi primer trabajo cuando salí del instituto. Fue un profesor que estaba ahí.
También tuve un profesor que era maravilloso. Nos llevaba por las tardes a comprar para hacer las fichas de historia y dedicaba parte de su tiempo libre para que hiciéramos manualidades en su asignatura.
Con esto no pido que los docentes dediquen su tiempo libre a sus estudiantes, solo recuerdo que estos transmitían cariño y una atención que encontré maravillosa. He tenido profesores muy buenos, con los que no empaticé, no quiero decir que sean malos, en general, he tenido mucha suerte, solo puedo darles las gracias.
P. Es curioso que, siendo de ciencias, nombre a un profesor de Filosofía y otro de Historia…
R. Pues justo recuerdo a otro docente de Historia de octavo que era odiado por todos y que a mí me regaló un libro de Miguel Ángel y me dijo, échale un ojo, y eso me marcó.
Conozco muchos docentes muy buenos que quieren y adoran a sus chavales y lo intentan.