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El liderazgo escolar gana peso como motor de transformación educativa en Iberoamérica

El XVII Foro Latinoamericano de Educación reclama profesionalizar la función directiva y avanzar hacia modelos de liderazgo capaces de movilizar equipos y afrontar la creciente complejidad de las escuelas



El liderazgo de los equipos directivos se está convirtiendo en uno de los elementos determinantes para afrontar la transformación de los sistemas educativos. La capacidad de quienes dirigen los centros para construir equipos, generar confianza, tomar decisiones y movilizar a toda la comunidad educativa aparece como un factor cada vez más relevante para mejorar las instituciones y responder a unos escenarios sociales y educativos marcados por la incertidumbre y la complejidad.
Esta fue una de las principales conclusiones del XVII Foro Latinoamericano de Educación, organizado por la Fundación Santillana y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), con el apoyo del IIPE UNESCO América Latina y el Caribe y la Biblioteca del Congreso de la Nación.

El encuentro situó así el liderazgo directivo en el centro del debate sobre el futuro de la educación. Dirigir una escuela ya no puede limitarse a gestionar recursos, resolver problemas administrativos o garantizar el funcionamiento cotidiano del centro. Los responsables educativos deben asumir un papel de liderazgo capaz de acompañar a los docentes, generar acuerdos, impulsar proyectos colectivos y crear las condiciones necesarias para que las comunidades educativas puedan avanzar.

Profesionalizar la gestión de los centros.

La profesionalización de la dirección escolar fue precisamente uno de los grandes ejes del Foro. Luis Scasso, director de la Oficina en Argentina de la OEI, defendió que los directivos desempeñan simultáneamente funciones administrativas, pedagógicas, sociales e institucionales y que, ante esta creciente complejidad, necesitan formación específica, carrera profesional, recursos, acompañamiento y actualización. La cuestión, según esta perspectiva, no consiste en exigir más responsabilidades individuales a los directores, sino en dotarles de las herramientas y condiciones que le permitan ejercer exitosamente su liderazgo.

El debate también puso en cuestión una concepción excesivamente jerárquica del liderazgo. Silvina Gvirtz, doctora en Educación, planteó la necesidad de avanzar hacia modelos de liderazgo distribuidos, en los que la capacidad de decisión y transformación no quede concentrada exclusivamente en la persona que ocupa la dirección. En este modelo, liderar implica identificar y desarrollar las capacidades existentes dentro de la propia comunidad educativa, incorporar a distintos actores a la toma de decisiones y construir equipos capaces de sostener los procesos de mejora. "Se aprende a liderar", subrayó Gvirtz, defendiendo que estas competencias deben trabajarse desde la formación docente y en la preparación de los futuros directivos.
La experiencia internacional también aporta argumentos a favor de reforzar el papel de los directores. José Weinstein, director del Programa de Liderazgo de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales de Chile, destacó las evidencias acumuladas durante más de dos décadas sobre el denominado "factor directivo". Las prácticas de quienes conducen los centros pueden favorecer procesos sostenidos de mejora, pero también repercutir negativamente en el clima escolar, la permanencia de los docentes y la vida institucional. Por ello, defendió que las políticas de liderazgo escolar deben formar un sistema coherente en el que las expectativas sobre el director estén acompañadas de atribuciones, recursos, mecanismos adecuados de selección, condiciones laborales, carrera profesional y formación.

Esta visión convierte al liderazgo en una cuestión que trasciende las cualidades personales del director. No basta con tener autoridad para dirigir: es necesario disponer de capacidad para movilizar a otros. El liderazgo educativo se relaciona cada vez más con la construcción de confianza, la generación de acuerdos, el acompañamiento de los equipos docentes y la capacidad de transformar conocimientos y recursos individuales en capacidades colectivas.
En este contexto, la autonomía y el acompañamiento adquieren también una importancia estratégica. Ramiro Aranda, ministro de Educación de Misiones, defendió la revalorización y profesionalización de la función directiva y la necesidad de acompañar a los responsables de los centros mediante formación y herramientas. Horacio Ferreyra, ministro de Educación de Córdoba, puso el acento en recuperar la centralidad pedagógica de la conducción y en desarrollar marcos de actuación y programas de formación junto con los propios directivos.

La dimensión del liderazgo alcanza también a las propias políticas educativas. Alejandra Cardini, jefa de Oficina ai del IIPE UNESCO en América Latina y el Caribe, señaló que liderar una política educativa implica mucho más que establecer objetivos: requiere generar las condiciones para hacerlos realidad, conseguir la implicación de los diferentes actores, fortalecer capacidades y aprender de la experiencia para modificar el rumbo cuando sea necesario. Esta concepción sitúa el liderazgo como una competencia transversal que afecta tanto a quienes dirigen los centros como a quienes diseñan y ejecutan las políticas educativas.
El Foro puso además de manifiesto que liderar en educación significa aprender a gestionar la incertidumbre. Bernardo Blejmar, autor del documento base del encuentro Por un nuevo posible en la gestión escolar. A del rol directivo en tiempos de confusión , defendió la necesidad de repensar el papel de los equipos directivos ante situaciones sociales, económicas y políticas para las que no existen respuestas propósitos previamente diseñados. En este escenario, el liderazgo debe proporcionar orientación, capacidad de adaptación y sentido colectivo a las decisiones de la institución.

La conclusión que emerge del encuentro es que la transformación educativa difícilmente puede producirse sin transformar también la manera de liderar las escuelas. Profesionalizar a los directivos, dotarlos de autonomía y recursos, formarles para afrontar problemas complejos y favorecer modelos de liderazgo compartido aparecen como condiciones necesarias para que las reformas educativas puedan traducirse en cambios reales dentro de las aulas y de las comunidades educativas.
El reto, por tanto, no consiste en elegir entre un director con autoridad o un liderazgo colaborativo, sino en construir directivos capaces de ejercer autoridad pedagógica mientras se desarrolla el talento y la autonomía de sus equipos. En un sistema educativo sometido a cambios tecnológicos, sociales y culturales cada vez más rápidos, el liderazgo escolar deja de ser una función administrativa para convertirse en una herramienta estratégica de transformación.
El documento se puede descargar aquí: https://www.fundacionsantillana.com/publicacao/xvii-foro-latinoamericano-de-educacion/


Autor:Éxito Educativo
Fuente:https://exitoeducativo.net/iberoamerica/el-liderazgo-escolar-gana-peso-como-motor-de-transformacion-educativa