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La educación y sus reformas





Tarea de Estado, eso es, por lo pronto, indiscutible, la educación pública en México ha sido responsabilidad de grandes figuras: José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Jesús Reyes Heroles. La obra de cada uno justificó sobradamente que para ello se les considerara. Breve mi búsqueda, no me fue posible encontrar la obra ni la trayectoria institucional de don Aurelio Nuño Mayer en el vasto y complicado campo del Estado y la educación.
Hace más de medio siglo mis mentores buscaban educarme para hablar en castellano mediante un librillo que entonces me parecía infalible: la Gramática Española de Emilio Marín. Incalculable lo que habría de deberle para siempre al libro. Habrá sido cuando iniciaba el cuarto de primaria, pregunté a la maestra en turno por qué si pasábamos de grado seguíamos usando la Gramática de Marín. La respuesta fue impecable: “Bueno, lo que ocurre es que los grados cambian, la gramática no”. Casi aseguro —con alguna evidencia— que el deterioro que ha sufrido nuestro idioma tiene que ver con nuestra tontería de sustituir el formato del conocimiento, mudándonos de los libros a las pantallas electrónicas. Padezco cotidiana desazón por la forma en la que hablamos. Verbigracia “de favor”, “lo que sería”, “lo que viene siendo”, “más que nada”, “ahora sí que”.
El reportaje de Andrés Becerril (Excélsior, 13/III/17) nos ofrece las declaraciones de don Aurelio Nuño. No pongo en duda la transcripción que haya hecho Andrés de lo dicho por el secretario de Educación Pública, con mi consecutiva mortificación: “La Reforma Educativa es la más importante ahorita para el futuro. A los maestros les va a servir… en la profesionalización de lo que es su vocación, que es el magisterio,… …la continuidad de esta transformación y de este proyecto es absolutamente fundamental y no hay nada que la pueda garantizar absolutamente más que…”. Considerando las objeciones que pueda hacer yo a la nueva forma de hablar, fue el contenido del reportaje el que me provocó mayor preocupación. Dice el secretario Nuño que el modelo garantizará “que México tenga una educación de calidad y sea un país exitoso en el siglo XXI”. Sin embargo, nos advierte: “Si por alguna razón llegara un gobierno que no comparte o que no está de acuerdo con esta transformación educativa… …la puede meter en muchos problemas”.
Sin más y en uso de mi ciudadano derecho, objeto. Primero, durante el presente siglo ha aparecido información que cuestiona a la escuela como la principal fuente de conocimiento. El modelo que se presenta contraviene este modo de pensar y decide que no habrá más artífice de la educación que el gobierno y su reforma. La educación parece ser un fenómeno social bastante más ajeno a su impartición oficial de lo que propone el señor secretario. ¿Así que sin modelo, sin gobierno y sin Estado nos quedamos burros y punto? No lo creo. Y ya puestos en ello, se nos dice que corremos el riesgo de que ocurra lo mismo si cambia el gobierno o la filiación política, estamos obligados a entender. O el grupo y el secretario siguen en el poder o nada nos garantizan, y yo nada más no entiendo nada porque sigo creyendo en el progreso del conocimiento más allá de la escuela, del Estado y del partido en el poder. Parece que hubimos de pervertir el proceso natural de la educación en nombre de intereses de partido y poder, ¿a partir de 1989, puede ser? Hoy proponemos una reforma indispensable e infalible para corregir el anómalo estado de cosas que provocamos, y aprovechamos para pasar lista, para decir aquí estamos y sin nosotros no hay educación ni conocimiento. Complicada la política, mucho más que la educación.
Autor:Exelcior. Fuente:http://www.excelsior.com.mx/opinion/oscar-benassini/2017/03/16/1152309