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La educación no mejora por decreto

“Ser profesor es acceder a una posición social revestida de honorabilidad y autoridad, y en consecuencia, de gran responsabilidad”.



Para que en México mejore la calidad educativa hay que darle al profesor el respeto que como tal merece. Y ese respeto debe demostrarse no sólo en el discurso, sino en hechos reales. A través de muchos años me he planteado la siguiente pregunta: ¿Qué se necesita para mejorar la calidad de la educación en México? Durante casi tres décadas de trabajo como docente frente a grupo, en diversidad de niveles educativos, y en diferentes contextos socioeconómicos, desde escuelas privadas hasta aquellas que se encuentran en la más humilde de las rancherías, he visto pasar a secretarios de Educación que dicen haber descubierto el “hilo negro” de la cuestión escolar, y en lugar de ello a mi parecer las cosas no han mejorado. Al contrario.
Para que realmente mejore la calidad de la educación, en primer lugar hay que devolver al profesor su “herramienta” principal: la dignidad y respeto que merece como profesor. Dicha dignidad y respeto social ha sido arrebatada al magisterio mediante calumnias, con campañas de desprestigio y con la imposición de toda serie de tareas con las que no comulga, porque sabe el profesor que dichas políticas no son una aportación positiva a su labor educativa.
La cuestión es muy sencilla: Para elevar la calidad de la educación en México, es necesario que sea el profesor quien tome las decisiones más importantes sobre lo que hace en su grupo. Quienes no están involucrados directamente con el quehacer docente no se enteran que el profesor actual ha dejado de ser un verdadero conductor de su grupo, para convertirse en operador de políticas y decisiones educativas extrañas a su contexto, a su tiempo y lugar específico, a su grupo. El profesor actual lamentablemente es una especie de recolector de evidencias, de llenador de formatos. Se ha convertido como resultado de lo anterior, en informador, no en formador.
La educación en nuestro país se rige bajo políticas que en ocasiones parecen tomadas por personas sin experiencia real en lo educativo. Es decir: Se puede memorizar tratados enteros sobre el tema educativo, o acreditar cursos de formación docente. Pero si no se cuenta con experiencia real en salones de clase frente a grupo, entonces no se conoce la realidad educativa del país como para tomar decisiones. Es como si quien decide sobre la cuestión escolar, sabe, pero no ha aprendido sobre educación. Saber y aprender no es lo mismo. La primera es una cuestión meramente teórica, la segunda es una cuestión práctica, vivencial.
De igual manera, se necesitan profesores-investigadores. Sigue siendo absurdo que se desaprovechen los maestros de grupo que cuentan con la capacidad suficiente para investigar sobre aquellas realidades que nos incumben como docentes, y en lugar de ello sigue ese empecinamiento por adoptar investigaciones, lecturas, modelos de otros países con una realidad muy diferente a la nuestra. Los investigadores educativos, por lógica deben ser profesores frente a grupo, pero con la capacitación necesaria para la investigación con rigor científico. Profes investigadores que cuenten con la sensibilidad, el “olfato” para la cuestión educativa, con la sencillez y humildad que las experiencias frente al grupo aportan (agradables o desagradables) México necesita investigación real aplicada a la problemática educativa. Si fueran los compañeros profesores los encargados de investigar, seguramente se generaría un serio análisis de los programas de educación actuales. Se desecharían a criterio del magisterio real, los contenidos que se consideren obsoletos y se aplicarían nuevos conceptos y tendencias en cuanto a la educación se refiere.
“Ser profesor es acceder a una posición social revestida de honorabilidad y autoridad, y en consecuencia, de gran responsabilidad”.
Autor:El Heraldo Fuente:https://www.elheraldodechihuahua.com.mx/columna/la-educacion-no-mejora-por-decreto