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Cultura y educación democrática

La educación siempre tiene una finalidad, que es la capacidad de cultivar las competencias de los futuros ciudadanos para pensar por sí mismos, para deliberar, juzgar y escoger sobre la base de sus propias reflexiones racionales.



La semana pasada se celebró en el Auditorio Emilio J. Talamás de la Universidad Autónoma de Coahuila el programa Estrategia Nacional de Cultura Cívica (ENCCIVICA) 2017, evento convocado por el Instituto Nacional Electoral. Una buena oportunidad para que representantes de partidos políticos, miembros de la sociedad civil, representantes de organizaciones sociales y civiles y ciudadanos convencionales revisen el estado actual de las cosas en las que vive nuestra sociedad mexicana en materia de construcción de la democrática. Un buen intento de hacer un replanteamiento del papel que jugamos todos los diferentes actores que conformamos la sociedad mexicana desde diferentes trincheras.

Uno de los principales problemas que encuentro en este tipo de convocaciones, es que cualquier iniciativa carece de perspectiva si no se basa en el tema de la educación y el tema de la educación es bastante complejo, al menos en nuestro país. Es un tema holístico que le pega a la corrupción, al debilitamiento de las instituciones, a la participación de los jóvenes en temas políticos, a la cultura de la legalidad y por supuesto a la enseñanza de la educación cívica y ética en la educación básica, que fueron justamente los temas que se trataron en las mesas de dialogo.

Vino nuevo en odres nuevos es la analogía que se debiera de utilizar. Entiendo que no existe el presupuesto adecuado para formar a los ciudadanos, servidores públicos, miembros de las organizaciones civiles, gubernamentales y no gubernamentales que asistieron, pero con un marco de pensamiento como el que se tiene las cosas se complican o simplemente quedaran igual. Muchos se formaron en el plano normativo-legal, organizacional, sindical, administrativo o educativo, pero no en el democrático y por eso los protagonismos, la falta de dialogo, los lenguajes distintos y por supuesto con todo eso las diferentes interpretaciones de lo que es la democracia. El subjetivismo aparece en el escenario. Se requiere al menos, para los invitados, un curso remedial de democracia y ciudadanía.

No olvidemos que en una sociedad democrática, la educación siempre tiene una finalidad, que es la capacidad de cultivar las competencias de los futuros ciudadanos para pensar por sí mismos, para deliberar, juzgar y escoger sobre la base de sus propias reflexiones racionales. Para que haya ciudadanos democráticos, se requiere de un marco democrático, pero sobre todo de una reflexión profunda e integral de la realidad que nos circunda y para eso, las condiciones no están dadas. No es pesimismo, es la realidad.

Ni la Secretaría de Educación tiene intenciones de cultivar la capacidad de los futuros ciudadanos, ni las organizaciones están dispuestas a invertir en la formación de ciudadanos autónomos y responsables. No conviene a los intereses del poder. No se trata de que conozcan a los clásicos del tema, pero al menos que como afirmaba Rawls cuando hablaba de la construcción de una sociedad justa; que traten al otro, como si no supieran el lugar que éste ocupa en la sociedad. Es decir, que se despojen de sus colores, filias y fobias y asuman un interés que tenga como meta el bien de todos.

Sigo creyendo que la base de la democracia se encuentra en la educación. Pero hoy quienes promueven la educación, están más apurados porque el alumno no memorice, aprenda inglés, aprendan computación o en la búsqueda de otro escaño público que les garantice su supervivencia política y no porque los habitantes de este país sean buenos ciudadanos o tengan un alto sentido de la justicia, es decir, que posean educación cívica y ética. ¿Qué fue de los cuadernos del IFE/INE elaborados por excelentes académicos mexicanos? Poco se conocieron o simplemente poco se difundieron.

Los ciudadanos actuales requerimos de formación democrática, de una formación racional, no hablo ya de los asistentes convocados por el INE en la estrategia, hablo de todos los mexicanos. En una sociedad liberal ese es el objetivo de la educación. En los países en los que hoy se goza de una democracia con mucho mayor nivel que la nuestra, no empezaron hace un año. La educación democrática es toda una tradición, fue una obligación política de los estados democráticos. Desde Emanuel Kant hasta nuestros días, la consigna de hacer personas racionales desde la educación era el objetivo fundamental. Por esos sus críticas de la razón pura y práctica. En este sistema educativo mexicano la consigna de no permitir que la razón aflore, pareciera que es un programa.

Cuando hablamos de cultura democrática estamos hablando de un alto nivel de información y conocimientos sobre el país, su historia y su sistema político. Pero con una televisión que no incluye este tipo de información en su barra y unos medios que se solazan en la politiquería barata porque es la que vende, de verás que ésta complicado. En ese sentido ¿Cómo se ejerce un juicio político, como se asume una posición y se actúa en consecuencia?

Implica también que los ciudadanos tengan un conocimiento pleno de sus derechos, pero no solo eso, sino tener la disposición de respetarlos y exigir su respeto. Se trata de tener un conocimiento profundo de la ley, es decir, vivir en una cultura de legalidad. De la de tránsito, como consumidores, de los derechos fundamentales que tenemos como personas jurídicas. Por eso estamos maniatados, por el desconocimiento de la ley y de las leyes más mínimas.

Poseer cultura democrática tiene que ver con la disposición y capacidad de participar en la elección de los gobernantes, pero ahí no termina la cosa, se trata y eso es lo que no acabamos de entender, de vigilar que los mandatos se cumplan. Es decir, de tener un marcaje personal sobre quienes son nuestros empleados, porque eso es lo que son los servidores públicos, empleados. Por tanto, nuestra participación se termina, hasta que los elegidos terminen su período administrativo.

Se trata también de participar en todos los asuntos públicos, dialogando, tomando decisiones y resolviendo conflictos. Estar identificados con el régimen democrático y convencernos de una vez por todas que es nuestro deber influir en las decisiones políticas en el municipio, en el estado y a nivel federal. Tener cultura política, significa tener confianza en las instituciones y poseer valores que nos identifican con la democracia, como un alto sentido de la justicia, de la libertad, de la igualdad y de la tolerancia, entre otros. Pero sobre todo, tener cultura democrática implica tener conocimientos, habilidades, actitudes y valores indispensables para una gobernanza eficiente. ¿Se educa para eso?
Autor:Vanguardia Fuente:http://www.vanguardia.com.mx/articulo/cultura-y-educacion-democratica