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La educación en México: ¿un factor de desigualdad?

Promover la igualdad de oportunidades a través de la educación ha sido uno de los objetivos constantemente retomados por el sistema educativo mexicano a través de las muchas políticas educativas que han atravesado su historia. La promoción de la igualdad equivale, evidentemente, a un combate contra su contraparte: la desigualdad.




El combate a la desigualdad como objetivo del sistema educativo mexicano

1.1 Educación y Escuela

La educación se imparte en las escuelas [1], pero la educación formal (escolarizada) no es la única educación posible. Existe también la educación informal, aquella que se da fuera de los espacios escolares y que tiene lugar mediante la interacción con la familia, la comunidad, el barrio, la vida, el trabajo, los otros. Cuando nosotros hablamos de y de las políticas educativas mexicanas, nos referimos a la educación formal, aquella que se imparte en las escuelas y que se supedita a la lógica interna que se origina dentro de las mismas, incluidas las prácticas de gestión administrativa, el currículo y la evaluación, la práctica y relación pedagógica, vínculos suscitados en el interior de las aulas, etc. Es dentro de la lógica y las prácticas que acontecen en el ámbito escolar, i.e., en el ámbito de la educación formal, que las políticas educativas del Estado han tratado de promover la igualdad.

El modelo de escuela como lo conocemos hoy surgió en el periodo moderno de la historia occidental. La época histórica en la que surge la escuela está dominada por el esquema económico capitalista, y la escuela hereda de éste muchos de sus más caros valores: libertad, igualdad, individualismo, autonomía, propiedad [2]. Ahora bien, de esta escuela, epicentro de la educación formal, se ha dicho que es ideológica (en el sentido crítico-marxiano del término). Esto significa que ella reproduce, a través de los contenidos que transmite y las formas en las que lo hace, los significados, valores, intereses y propósitos de la clase dominante [3]. Así entendida, la escuela sería propulsora no de prácticas que potenciarían la igualdad y el combate a la desigualdad, sino por el contrario, ella sería el lugar estratégico para preservar las condiciones desiguales contrarias a los postulados de la justicia social.
Una vez diferenciadas la escuela de la educación, veamos si la educación formal en México es o no un factor de desigualdad, es decir, si a ella pudiera imputársele, en última instancia, corresponderse o no con la acusación de ideológica, y, en ese sentido, de potenciadora de la desigualdad. Antes, sin embargo, es necesario esclarecer qué es propiamente la .

1.2 ¿Qué es la desigualdad?

Contextuando la problemática de la desigualdad en el ámbito educativo, los términos de igualdad y desigualdad hacen referencia al derecho, es decir, pertenecen al ámbito jurídico [4]. “Por lo tanto –nos explica Juan Casassus- cuando se habla de igualdad, debería entenderse …a la educación” [5].

Los conceptos de igualdad/desigualdad se distinguen de los de equidad /inequidad, así como de los de homogeneidad/diversidad. La equidad hace referencia a la “justicia natural” [6], opuesta a la ley positiva, de dar a cada uno lo que necesita y lo que le corresponde. Su contraparte, la inequidad, corresponde, evidentemente, a lo opuesto. El par de nociones homogeneidad/diversidad son más afines a cuestiones de tipo socio-cultural [7].
Así pues, la educación en México, a través de sus políticas educativas, ha buscado establecer la igualdad y combatir la desigualdad educativa. Es decir, ha buscado dar a todos, sin distinción de raza, género, religión, etnia o condición económica
o social, el derecho a la educación.
Pero, ¿qué implica defender la igualdad, o bien, combatir la desigualdad en términos de educación?






1.3 Implicaciones de la defensa de la igualdad y la lucha contra la desigualdad en educación

De la educación se espera que potencie la igualdad entre los individuos y el bienestar para las sociedades que la procuran [8]. Lo primero pretende alcanzarlo la educación mediante un ofrecimiento parejo de oportunidades educativas básicas. Éstas proveerán a los individuos de las habilidades y conocimientos fundamentales o suficientes que les permitirán acceder al saber humano en su conjunto, según los intereses y necesidades de cada uno, contribuyendo así a atraerles los beneficios que esto pudiera comportar. La garantía (constitucional) del acceso igualitario a la educación, al menos en sus niveles básicos y obligatorios, también permitiría a los individuos integrarse posteriormente a la educación técnica o superior para así, a través de la misma, lograr movilidad social.
La educación, vista como una condición de mejoramiento de calidad de vida de los individuos y de la sociedad en su conjunto, así como su fuente de bienestar, significa para los individuos que pueden acceder a través de ella a la posibilidad de vivir una vida mejor, contribuyendo al mismo tiempo al progreso y mejora de la vida de la comunidad. Esta ha sido la perspectiva oficial de la educación, y por ello las políticas educativas, en sus planes de desarrollo nacionales, han defendido y promovido la igualdad educativa.
Propiciar condiciones desiguales en el ámbito educativo equivaldría, por el contrario, a favorecer las condiciones que mantienen la desigualdad social y económica, factor que contribuye, como ningún otro, a mantener un estado (y
<<Estado>>) de injusticia social.
Además, si tomamos en cuenta que la región de América Latina y el Caribe, contexto geográfico-cultural más afín y cercano a nuestro país (más cercano y afín que aquel contexto de países ricos, industrializados y superdesarrollados del Norte, con los que, a pesar de nuestra realidad, se intenta emparentar a México), es la región más desigual e inequitativa del planeta,entonces el promover y defender la igualdad (y combatir la desigualdad) en términos educativos, no es sólo una oportunidad de bienestar y desarrollo para México, sino para Latinoamérica en su conjunto [9]. Y no hacerlo, representaría para nosotros –para México y para Latinoamérica- el peligro de seguir siendo una región política y económicamente dependiente de las potencias del norte y de los emporios financieros y comerciales transnacionales.
Dentro de este panorama, ¿cómo ha enfrentado México la desigualdad en sus políticas educativas?
2. La realidad educativa

2.1 La educación y la igualdad- desigualdad en las políticas educativas en México

El artículo 3° de nuestra constitución asienta que todo individuo mexicano tiene derecho a recibir educación. En su inciso A), este artículo señala además que la educación será democrática, lo que significa que promoverá “un sistema de vida sustentado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. A fin de contribuir a la convivencia humana, en el inciso C) del artículo 3° señala que la educación que imparta el Estado ha de robustecer en el individuo el interés de preservar, entro otros valores, la igualdad entre todos los hombres, evitando justificar o implantar privilegios de cualquier índole. Para cumplir con estos objetivos educativos, el Estado se arroga el derecho de determinar los planes y programas de estudio de la educación básica (preescolar, primaria y secundaria).

La importancia que tiene la educación en el mejoramiento de las condiciones de vida del país y sus habitantes comporta la necesidad de reconocerla como un , al menos en sus niveles básicos. Esto quiere decir que debe ser proporcionada por el Estado, sobre todo en un país cuyo desarrollo económico está aún en proceso [10]. Por ello la política educativa ha sido parte de la política social (pública) de los gobiernos.
Reconociendo la necesidad de hacer de la educación un bien publico, desde 1921, con la creación de la SEP, las políticas educativas mexicanas referentes a la educación básica han sido organizadas e instrumentadas desde y por el Estado [11]. En todas ellas, la preocupación por generar igualdad desde la escuela, y combatir así la desigualdad persistente en el país, ha sido uno de sus principales objetivos. Esta preocupación se ha traducido, entre otros, en términos de cobertura. Así, desde los primero años de la postrevolución hasta la década de los años ‘80’s, uno de los objetivos considerados inaplazables por sistema educativo mexicano fue llevar educación a todos, es decir, ampliar lacobertura educativa a todas las regiones del país para que a nadie se le negara o le fuera imposible el acceso a la escuela [12]. Con ello, plausiblemente, todos tendrían acceso igualitario a una de las instancias (la escuela) que procura la justicia social, entre cuyos objetivos está combatir la desigualdad.
Con el mismo tenor a favor de la igualdad, el Programa Nacional de Educación 2001-2006, elaborado por el primer gobierno no priísta en nuestro país, lleva incluso un subtítulo que nos sugiere la importancia de la igualdad en educación: “Por una educación de buena calidad para todos”. El punto dos de la primera parte del Programa, incluye apartados especiales relativos la equidad de la educación, donde equidad se entiende más o menos en términos de igualdad [13].




Sin embargo, la realidad educativa en nuestro país dista mucho de generar las condiciones igualitarias necesarias para cumplir las expectativas que la educación comporta y es capaz de satisfacer respecto del bienestar y calidad de vida de los individuos y la sociedad. La realidad educativa mexicana está plagada de contradicciones. Unas se originan en el seno de las instancias educativas, otras corresponden a problemas estructurales cuyas implicaciones desbordan las posibilidades y los alcances del sistema educativo mexicano.

2.2 La realidad fuera del aula afecta el aula

La situación económica y política mexicana impone ciertos condicionamientos a los que el sistema educativo se ve constreñido. Por sí solo, él no puede solucionar problemasestructurales y multifactoriales como la pobreza, la marginación, el desempleo. Todos ellos afectan la eficiencia de la educación en su labor de desarrolladora de las condiciones de vida de los individuos y de la sociedad en su conjunto [14].
Cada vez se generaliza más la opinión de que la educación no sirve para mucho. Al menos, no sirve para satisfacer las necesidades más apremiantes de los habitantes de este país, pobres en su mayoría. Es común ver a egresados universitarios de las áreas de ciencias dedicándose a la docencia únicamente por necesidad, porque no hay campo laboral adecuado y aprovechable para su acción. Universitarios y técnicos se subemplean o emigran, porque su país es incapaz de ofrecerle las condiciones laborales suficientes para su desarrollo profesional. Frente a este panorama, la legitimación de la educación ha decaído. Los mismos gobiernos parecen creer tal cosa, al invertir cada vez menos en educación [15].

Además, problemas de gestión administrativa y de carácter político jalonan e influyen negativamente en el desempeño de la SEP –hablando de la educación obligatoria impartida por el Estado-, así como en su papel de benefactora social.
Sin embargo, la educación sí debería de poder ser un factor determinante en la mitigación paulatina de dichos problemas estructurales. Pero la percepción que las personas a quienes sería de más beneficio asistir a las escuelas y acceder a los niveles superiores educativos, es decir, las personas que social y económicamente se encuentran en posición de desventaja y vulnerabilidad, no perciben
la educación como una salida a sus problemas [16].
Si a esto le sumamos la baja calidad educativa con la que la mayoría de las veces se encuentran al ingresar a las escuelas públicas, y las escasas ventajas que una educación de este tipo representa para su mejoramiento económico y social, tenemos que su perspectiva, desgraciadamente, está ampliamente justificada en su experiencia.
Ciertamente, algo no funciona en la relación educación-sociedad, ni mucho en la relación educación-movilidad social, que los impele a pensar de esa manera. ¿Qué puede ser eso que no funciona?

2.3 Algunos factores que reproducen y generan la desigualdad educativa

La urgencia de cobertura educativa trajo como efecto el descuido por los aspectos cualitativos de la educación [17]. Y aunque desde los años ‘70’s se han implementado reformas y planes encaminados a mejorar la calidad, éstos no parecen haber rendido sus frutos. Si nos atenemos a las evaluaciones internacionales en las que México ha participado, una realizada por la OCDE (PISA, 2000) y la otra por la UNESCO (PEIC o “Laboratorio”, 1998-2001), y aceptamos que sus criterios de evaluación son adecuados y aplicables a nuestro sistema educativo (lo que en el caso de la OCDE parece ser más dudoso que en de la UNESCO, pues este último estudio fue realizado únicamente para países latinoamericanos, y en el primero únicamente México y Brasil participaron por nuestra región),entonces tendremos que concluir que la calidad educativa en México es muy mala [18]. Sin embargo, como veremos a continuación, no es tan mala para todos.
A pesar de que la igualdad en términos de cobertura ha sido más o menos cubierta en su totalidad, la igualdad en términos de calidad al interior del país dista mucho de haber sido cubierta. En lo que respecta a los niveles básicos de educación, el estrato educativo privado, correspondiente al sector poblacional urbano, es el mejor evaluado. Esto quiere decir que sus alumnos muestran un aprendizaje más satisfactorio. Por otro lado, en el estrato educativopúblico, y especialmente en el sector rural e indígena, los alumnos presentan un aprendizaje insatisfactorio, y sus evaluaciones caen muchos puntos debajo de las de los alumnos del estrato privado-urbano [19]. Esto quiere decir, en términos muy generales, que la educación privada es mejor que la educación pública [20].
Pero si asumimos que el estrato urbano que acude a escuelas privadas tiene mayores medios económicos, a diferencia de aquellos que acuden a escuelas públicas, y a esto le agregamos el supuesto de que la educación es una fuente de oportunidades futuras que permiten movilidad social, estamos entonces ante el hecho de que aquellos que tienen más reciben además una mejor educación, misma que les ofrecería más y mejores posibilidades de movilidad social que a aquellos que tienen menos, y que al recibir una educación inferior en términos de calidad, obtienen menos posibilidades de oportunidades futuras [21]. La educación impartida por escuelas e institutos particulares es de mejor calidad que aquella impartida por el Estado en sus escuelas públicas [22]. La cobertura, al buscar combatir la desigualdad, aseguró a todos, en términos generales, el acceso a la escuela. Pero no a la misma calidad educativa. ¿No es esto un factor que reproduce la desigualdad?
Además, la escuela es un filtro para los niveles educativos medio y superior. A través de sus exámenes y demás formas de evaluación, ella selecciona a los más para poder pasar al siguiente nivel, y debe tomarse en cuenta que el supuesto aceptado es que con cada nivel educativo terminado aumentan las posibilidades de un mejora integral de la vida del individuo. Por lo que la escuela y sus métodos de selección darán cabida a aquellos que estén más capacitados para responder evaluaciones, y muchos de ellos serán los que hayan recibido una educación de calidad (o de los que los organismos internacionales conciben como “calidad”).




Una vez salidos del sistema de educación básica, las personas también encuentran obstáculos en la educación media. En ella se generan factores que reproducen la desigualdad económica, social y cultural que persiste en nuestro país. Fidel Zorrilla nos explica que el bachillerato no ha sido considerado formativo, y sí como un medio de purga para el nivel superior. Si la eficiencia terminal del bachillerato, por múltiples causas, apenas alcanzaba el 50% y la eficiencia terminal de la educación superior apenas el 35%, entonces el bachillerato sólo funcionaría para el 15 o 20% de la población que accede a él. Se trata, evidentemente, de una minoría la que podrá acceder y terminar el nivel superior, lo que hace del sistema educativo en estos estratos, también un propiciador de la inequidad y la desigualdad [23].
Así pues, la calidad, las gestiones administrativas, las estrategias de selección (purga) con las que el sistema educativo trabaja desde hace tiempo, constituyen factores que reproducen la desigualdad. Esto quizá (acaso mejor debamos decir “ojalá”) se debe no a acciones voluntarias por parte de las políticas educativas, sino a la ineficiencia de la no-acción: la no mejora de la calidad, lo que contribuye a la inequidad educativa; la no mejora de la gestión educativa, lo que deja fuera
de las escuelas (sobre todo en los niveles medio y superior) a muchos jóvenes; la falta de voluntad para hacer del proyecto educativo nacional uno de los ejes sobre los que gire la prospectiva de nuestro país...

3. Últimas palabras….

A pesar del panorama más bien desesperanzador que el sistema educativo mexicano ofrece hoy día, se puede afirmar que la educación sí puede mitigar la desigualdad y, de hecho, lo ha logrado en la región de América Latina y el Caribe [24].
Si puede mitigar la desigualdad, se debe a que en el interior de algunas escuelas, y a pesar del horizonte educativo general y las políticas educativas, la educación logra niveles de calidad elevados respecto de las expectativas y pronósticos que se tenían para ellas. Estos pronósticos estaban sustentados en el contexto socioeconómico en el que están insertas dichas escuelas, mismo que, en teoría, hacía esperar un desempeño educativo bajo.
El desempeño cualitativo en dichos contextos, de alguna manera logra paliar las condiciones desventajosas e inequitativas que en cuestiones educativas persisten en las regiones o estratos con altos niveles de marginación y muy bajos índices de desarrollo humano [25]. “[A]lgo debe suceder en el interior de la administración de las escuelas que ocasiona que algunas de ellas, aún en pésimas condiciones socioeconómicas, obtengan tan buenos resultados académicos como las mejores de regiones con niveles socioeconómicos mucho más elevados” [26]. Así entonces, “se puede afirmar que la escuela es generadora de equidad porque mitiga el impacto negativo del contexto cultural de los alumnos” [27].
La importancia del papel del maestro, de las interacciones y estrategias pedagógicas y didácticas implementadas en el aula, sumado al esfuerzo del entorno familiar y de la comunidad, son elementos que pueden potenciar, a pesar del entorno del sistema educativo, una mejora relevante en la calidad educativa. Por su parte, el Programa Nacional de Educación 2001-2006 reconoce “que la calidad del sistema sólo puede ser fruto del trabajo de cada maestro en cada aula de cada escuela […]” [28]. Pero esta declaración dista mucho de ser loable y, por el contrario, parece buscar eximir a otros actores e instancias que conforman el sistema educativo mexicano de la responsabilidad que les corresponde en el mejoramiento de la educación.
Hablando específicamente de la labor docente, y a pesar de la innegable responsabilidad y valor que reposa en ella como potenciadora de una educación de calidad, debemos saber que el sistema educativo mexicano, precisamente como tal sistema, está integrado de múltiples elementos, únicamente bajo cuyo trabajo conjunto puede darse el óptimo funcionamiento del todo. Sólo esto puede asegurar a la educación (al menos en sus niveles básicos) el papel que la Constitución le atribuye. Dejar enteramente al maestro la responsabilidad de sacar adelante la función social de la educación, así como la mejora de la calidad, más que un halago es un no-hacer por parte del sistema entero; es una delegación excesiva de tareas y responsabilidades.
Ante esta situación, resulta incontestable impulsar la mejora y el desarrollo de la preparación del maestro, para que éste profesionalice su trabajo y se actualice. Pero hacer reposar enteramente la calidad educativa, que de alguna manera implica la igualdad educativa, en la labor docente, es irreal y romántico.
Diremos entonces que la educación sí mitiga la desigualdad; combate la desigualdad y procura, entonces, la igualdad y la equidad. Pero, por otro lado, no lo hace, pues en tantosistema parece querer depender de la calidad, vocación, entrega y profesionalismo de los maestros, quienes muchas veces realizan su trabajo a pesar del sistema educativo y contra el contexto socio-cultural de los estudiantes. Además, en el sistema educativo del Estado, encargado de proveer educación gratuita en sus niveles básicos, existen factores que reproducen y al mismo tiempo generan condiciones de desigualdad que, al parecer, se espera el maestro pueda mitigar, especialmente la desigualdad implicada en la diferencia de calidad.
Esta es nuestra respuesta doble y ambigua: puede pensarse que la educación en tanto no combate la desigualdad, sino hasta la propicia. Pero la educación en tanto preparados para desempeñar una labor docente seria, comprometida y de calidad, sí puede paliar la desigualdad y promover así la igualdad, al menos en su aspecto de calidad educativa. De ahí que su constante preparación y actualización sea crucial.

Diremos por último que la educación no puede ofrecer soluciones inmediatas ni absolutas a los problemas de carácter socioeconómico, histórico-cultural y político del país. Expresiones como “sólo a través de la educación México podrá enfrentar los retos del futuro”, “sólo la educación sacará a México de la pobreza”…, etc., asumen a la educación como la panacea de males que, en realidad, son estructurales y dependen en gran medida de las políticas y estrategias económicas y de política social implementadas por el Estado. La educación no puede, por sí misma, atacar la desigualdad ni procurar justicia social. Creerlo exime a los gobiernos de las acciones que debe implementar para favorecer un estado de cosas más justo y equitativo; y al discurso político y filosófico lo exime de enfrentar la caducidad y fracaso de ciertos sistemas económicos y políticos que, a pesar de ser alabados incesantemente en los foros internacionales, no han logrado la igualdad, ni tan siquiera la libertad, aún en sus propios términos.
Autor:Ximena Franco Guzmán Fuente: