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La educación es un derecho, no un regalo

La educación nunca ha sido una prioridad en la vida de México; desde la Colonia, las escuelas estaban reservadas a los criollos y prácticamente negada a los naturales, y en ellas había una enorme dosis de adoctrinamiento religioso que poco favorece la libertad de pensamiento.



Las luchas entre liberales y conservadores en tiempos de Benito Juárez no abonaron en favor de la educación, que siguió siendo clasista, conservadora y cristianizante, ya que muchas escuelas estaban en manos de organizaciones religiosas; baste recordar que, en relación con la medicina, fue don Valentín Gómez Farías quien se atrevió a secularizar la Real y Pontificia Universidad de México, cerrándola para abrirla con un nuevo concepto, y que fue don Justo Sierra quien en 1910 creó la universidad como ahora la conocemos.
Después de los logros de Justo Sierra, de los proyectos de José Vasconcelos y otros más, el gobierno de México creó el sindicato más grande del mundo, el de educación, que fue creciendo de manera desmesurada y que consumió casi todo el presupuesto… en pagos y prebendas a los maestros; desde los tiempos de Carlos Jonguitud Barrios, siguiendo con Elba Esther Gordillo y aun en la actualidad con los dos grupos antagónicos SNTE y CNTE, el dinero se escapa y no llega a los alumnos, como se pudo comprobar hace unos días al conocer las cajas fuertes donde los sedicentes maestros oaxaqueños guardaban los dineros que otorgaba Gobernación a manos llenas.
Y llega 2016, después de apuestas por las vacas gordas que no acaban de cristalizar, de múltiples reformas legislativas que se vuelven agua de borrajas, después de comprobar, una vez más, que el negocio de Pemex no es negocio y que la lucha contra el narco es una lucha perdida, costosísima y tonta, el dinero escasea, y como la educación no es prioridad, y nunca lo ha sido, tal parece que ahora tampoco lo será y ya escuchamos que habrá un recorte presupuestal importante para la educación en México.
E insisto: éste no es un problema financiero, es un problema de concepto, porque para el gobierno la educación no es un derecho de los hombres libres, es un gasto que se tiene que hacer, un regalo casi inútil y finalmente un desperdicio de recursos, ya que muchos legisladores argumentan: si ellos nunca pisaron la escuela y ahora tienen coche europeo y relojes de 200 mil pesos, ¿para qué estudiar?
El rector de la UNAM, José Narro, lo ha dicho con todas sus letras: no se puede escatimar en el presupuesto para la educación, sea básica, media o superior, y si esto ocurre las consecuencias se verán más pronto que tarde.
En sus últimas apariciones, el presidente Peña Nieto ofrece que los niños de México tendrán clases de inglés y aprenderán el idioma universal, aunque a mí me gustaría que primero hubiera escuelas dignas y maestros preparados, y sí, que sepan inglés, pero antes aprendan a leer y escribir bien nuestro idioma nacional.
Aquí he abordado en dos ocasiones el problema de la despenalización de lacannabis, y uno de los argumentos que existen es el monumental ahorro de dinero, esfuerzo y vidas humanas que se puede conseguir si se despenaliza la yerba, y si eso ocurre, los ahorros podrán ser canalizados a las instituciones de educación, con una planeación correcta, con un cuidado escrupuloso de los dineros, y entregando cuentas como debe ser.
Por supuesto que también será conveniente, en aras de una mejor educación, que las autoridades y todos los funcionarios del ramo, en el área que sea, cumplan con su deber de enseñar, y como alguna vez dijo Heberto Castillo: “El problema de la educación es sencillo: los estudiantes deben estudiar, los profesores, enseñar, los trabajadores, trabajar y los funcionarios, funcionar”; así de simple.
No podemos seguir jugando a la escuelita con la educación de millones de mexicanos que deberán estar preparados para ser ciudadanos del mundo y usar las armas técnicas y científicas que les permitan vivir dignamente en el trabajo, la ocupación o la profesión que deseen; basta asomarse un poco al mundo para saber que cada día perdemos cientos de oportunidades de progresar, y que mientras en el país se hacen reuniones, juntas, simposios sobre la educación, en otros lugares el progreso monumental; cabe señalar que en los últimos años, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) ha logrado un despegue nunca antes visto y que, envidias aparte, muchos de sus programas son verdaderamente exitosos; las aventuras conjuntas del Conacyt con universidades e instituciones de educación de todo el mundo han dado excelentes resultados y es deseable que cada día más y más universidades piensen no sólo en la culminación de los estudios de un alumno, sino en su inclusión en el mundo real, con empresas, negocios, industrias, etcétera; hay buenos ejemplos y se necesitan más.
La educación es un derecho, no un regalo, ¡no al recorte presupuestal en educación!
Autor:Exelcior Fuente: