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Cuando los ‘hobbies’ dejan de ser refugio y se convierten en rendimiento

Leer, aprender, crear y disfrutar en la era del consumo: los algoritmos y la productividad han convertido los pasatiempos en una competencia.



Con el inicio del año, es normal ser bombardeados con el tema de los propósitos y metas en este 2026. Para muchas personas, uno de los objetivos más comunes es claro: leer más . Leer más libros, retomar el hábito, cumplir el reto anual y tachar títulos de una lista infinita. A primera vista, el propósito parece positivo. La lectura, después de todo, sigue asociándose con el crecimiento personal, la cultura y el bienestar. Sin embargo, en la actualidad, esta meta aparentemente inocente revela una transformación más profunda y preocupante para algunos: leer, como muchos otros pasatiempos, ha dejado de ser un espacio de relajación para convertirse en una actividad cuantificable, visible y cada vez más consumista.
Lo que antes era un refugio íntimo hoy, sobre todo entre generaciones más jóvenes y personas inmersas en redes sociales, se mide en números, se exhibe en ellas y se optimiza para cumplir metas externas. Leer, cocinar, pintar, tejer, escribir o incluso caminar ya no basta con disfrutarlas: ahora muchos documentan y monetizan este tipo de actividades simbólicamente. En este proceso, los hobbies , incluida la lectura, corren el riesgo de perder su función principal de ofrecer un espacio sin exigencias, sin métricas y sin espectadores.
De pasatiempo a indicador de productividad
Actualmente, vivimos en una sociedad que traduce casi cualquier experiencia en rendimiento. Dormimos con aplicaciones que miden la calidad del sueño, caminamos contando pasos, trabajamos persiguiendo indicadores y ahora descansamos bajo la misma lógica. El tiempo libre ya no es tiempo libre, es tiempo “bien aprovechado”.
En este contexto, la lectura se ha visto absorbida por la lógica de la productividad. Plataformas como Goodreads , comunidades en redes sociales y contenidos en YouTube promueven retos cada vez más ambiciosos: 50, 80 o incluso 100 libros al año. En discusiones en Reddit como ¿ Es un objetivo realista leer 100 libros al año? , muchos usuarios reconocen que el reto no es tanto leer, sino mantener un ritmo acelerado que, en la práctica, suele implicar sacrificar comprensión, placer y atención.
Varios ensayos publicados en Medium, como 100 libros al año es una idea terrible o Leer 100 libros en un año , coinciden en un punto clave: cuando la lectura se convierte en una cifra, el cerebro deja de priorizar la experiencia y se enfoca en la finalización. Leer se convierte en una tarea de cumplimiento, no en un diálogo con el texto. Así, la pregunta deja de ser «¿qué te dejó ese libro?» y se convierte en «¿cuántos llevas este año?».
Con el fin de cumplir estas metas, muchas personas recurren a estrategias para acelerar la lectura. El foco deja de estar en la experiencia del texto y se traslada a técnicas que buscan optimizar el tiempo, priorizando la velocidad, la finalización y el avance constante por encima de la atención plena o la reflexión.
Entre ellas, la lectura en diagonal se ha popularizado como una habilidad deseable. Artículos como el de la revista Vogue : Leer en diagonal: la tendencia de TikTok que pone en riesgo tu concentración y The Art of Diagonal Reading de HoyLunes explican cómo esta práctica, útil para revisar correos o noticias, se presenta ahora como una forma “inteligente” de leer más en menos tiempo.
Sin embargo, diversos análisis, como los dos artículos mencionados y The Art of Diagonal Reading , advierten que esta técnica tiene un costo cognitivo. Leer en diagonal implica renunciar a la profundidad, a los matices del lenguaje y a la pausa reflexiva que permite construir significado. La inmersión se intercambia por escaneo y, en lugar de comprensión profunda, hay retención efímera.
Cuando esta forma de lectura se normaliza, la lectura profunda comienza a percibirse como lenta, incómoda o innecesaria. El libro deja de ser un espacio de pensamiento y se convierte en un contenedor de ideas que deben extraerse rápidamente.
Audiolibros, multitarea y atención fragmentada
Algo similar ocurre con los audiolibros. Su valor como herramienta de acceso es innegable: amplían posibilidades para personas con poco tiempo, dificultades visuales o estilos de aprendizaje distintos. No obstante, dentro de la lógica de las metas numéricas, los audiolibros suelen instrumentalizarse.
En varios videos populares en YouTube sobre cómo leer 100 libros en un año, como aquellos que ofrecen consejos para aprovechar audiolibros, se promueve el uso de audiolibros a velocidad acelerada para “sumar títulos” mientras se realizan otras tareas, maximizando el número de libros que aparecen como completados en un año. El resultado es una experiencia fragmentada y efímera.
No se trata de afirmar que escuchar no es leer, sino de reconocer que leer sin atención difícilmente puede considerarse lectura, independientemente del formato. La multitarea constante diluye la experiencia y debilita la capacidad de concentración sostenida.
Escuchar audiolibros es una excelente alternativa; empero, el problema surge cuando se tiene que escuchar a velocidad x2 solo para acabarlo más rápido y avanzar al siguiente. El deja de ser consumir el libro y disfrutar de su propósito contenido y pasa a ser solo un logro más en una lista de títulos terminados.
Lectura performativa, BookTok y la lógica del sobreconsumo
La transformación de la lectura no puede entenderse sin hablar de las redes sociales. La comunidad de lectores en TikTok , conocida como BookTok , en particular, ha revitalizado el interés por los libros, pero también ha impulsado una dinámica de consumo acelerado. Artículos como ¿ TikTok ha arruinado la lectura? ¿ BookTok está arruinando la literatura? y diversas discusiones en Reddit coinciden en una observación inquietante: los libros se vuelven virales durante períodos muy breves, se consumen rápidamente y son sustituidos casi de inmediato por el siguiente título en tendencia, reduciendo su tiempo de relevancia.
Incluso el año pasado, aquí mismo en el Observatorio, mi compañera Mariana Sofía Jiménez describió cómo BookTok ha incentivado el renacimiento de la lectura y ha revolucionado la forma en que los libros se ven, se leen y se venden, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Pero el mismo artículo advierte que este impulso también puede tener un reverso problemático: generar una superficialidad centrada en la cantidad, no en la calidad, de la lectura.
En el ecosistema de TikTok , los libros se vuelven virales no tanto por su género o propuesta literaria, sino por temáticas y fórmulas narrativas y dinámicas emocionales fácilmente reconocibles, que por lo general se ven reflejados en libros de romance: los famosos enemigos to Lovers (amoríos que transicionan de enemigos a amantes), triángulos amorosos, mejores amigos de la infancia, etcétera. Los libros se recomiendan y circulan a partir de estas etiquetas simplificadas, que prometen una experiencia emocional específica y predecible.
En muchos casos, se compran los títulos más populares para participar en la conversación digital, es decir, para “estar al día” o formar parte de la tendencia, más que para ser leídos con calma y profundidad o por interés propio. El artículo The Fast-Fashion-ification of BookTok compara este fenómeno con la moda rápida: títulos que aparecen, se consumen y se descartan a gran velocidad, reemplazados casi de inmediato por la siguiente novedad viral.
El resultado es una cultura de acumulación. Como se discute en el ensayo Book Overconsumption and Why It's Not What It Parece , comprar libros se convierte en una forma de identidad. Tener estantes llenos de comunicadas pertenencias culturales, incluso cuando muchos de esos libros nunca se abren. Y el problema no es el comprar libros para leerlos; el problema es cuando se compran muchísimos a la vez solo para presumir ante las cámaras o subirlo a redes sociales y el enfoque es para crear contenido.
Este fenómeno se conecta con un concepto cada vez más discutido: la lectura performativa. Ensayos como Reading Is Performative Now , When Reading Becomes Performative y el artículo Performative Reading de The New Yorker describen cómo leer se ha convertido en una acción pública, diseñada para ser mostrada. Fotografías de libros perfectamente acomodados, citas subrayadas para Instagram, videos de “ wrap-up ” mensuales o hauls de más de 10 libros. La lectura ya no ocurre solo para uno mismo, sino para una audiencia; y el valor ya no está en la experiencia interna, sino en su representación.
Como señala The Independent , esta performatividad desplaza el sentido original de la lectura y refuerza lo que se ha estado mencionando: en lugar de leer para comprender o sentir, se lee para demostrar que se está leyendo.
Más allá de la lectura: la crisis general de los pasatiempos
Este problema no se limita a la lectura. Artículos como Death of Hobbies in the Age of Overconsumption y podcasts como TikTok Is Ruining Hobbies muestran cómo múltiples actividades recreativas han sido absorbidas por la misma lógica.
Cocinar ya no es preparar platillos, es reproducir recetas virales con utensilios específicos y perfectos. Colorear ya no es simplemente rellenar espacios de una imagen con colores; es comprar materiales “imprescindibles” recomendados por influencers, donde contar con ciertas marcas de marcadores o colores, libros de moda y colorear a la perfección es ahora la normalidad. Incluso el ejercicio, el journaling (la práctica de escribir de manera regular pensamientos, emociones o reflexiones personales) o la jardinería se han convertido en mercados saturados de productos y de contenido optimizado. El texto From Passion to Price Tags describe cómo las y los influencers transforman hobbies en listas de compras, desplazando la experiencia por adquisición. Antes de disfrutar, hay que consumir.
A esta dinámica se suma un nuevo elemento: la inteligencia artificial (IA). En AI Has Ruined All of Your Hobbies , la autora describe cómo la automatización está invadiendo espacios tradicionalmente creativos y el daño que esto provoca. Cada vez son más los libros generados por IA, con patrones genéricos, contenido sin autoría clara, etcétera. La saturación de productos creativos automatizados dificulta encontrar experiencias auténticas. El pasatiempo pierde su carácter artesanal y se convierte en otro flujo de contenido optimizado para el algoritmo.
Recuperar los pasatiempos como espacios sin rendimiento.
LosLos pasatiempos funcionan porque no persiguen un resultado externo . Son valiosos precisamente porque no producen métricas, certificados ni reconocimiento público, y el fallar es fundamental. Frente a este panorama, recuperar la lectura y otros pasatiempos implican resistir la lógica del rendimiento. Leer lento, leer poco, releer, abandonar libros sin culpa, no compartir cada avance o escuchar un libro a una velocidad normal. No convertir el ocio en currículum.
Como plantea el artículo de Débiles destellos de civilización , cuestionar la obsesión por leer más provoca incomodidad porque desafía una cultura que confunde cantidad con valor. Tal vez el acto más radical hoy no sea leer 100 libros al año, sino permitir que uno solo nos acompañe durante meses.
Diversos estudios coinciden en que los pasatiempos cumplen una función clave para la salud mental y emocional cuando se practican sin la presión de rendimiento ni de objetivos productivos. Investigaciones recientes señalan que involucrarse regularmente en actividades recreativas, como leer, pintar, cocinar, tocar un instrumento o practicar algún deporte por placer, se asocia con menores niveles de estrés, ansiedad y síntomas depresivos, así como con una mayor sensación de bienestar general. Incluso los pasatiempos sencillos pueden contribuir a una mejor regulación emocional y una mayor flexibilidad cognitiva, al ofrecer espacios de pausa y disfrute que contrastan con las demandas constantes de la vida cotidiana.
Desde una perspectiva clínica, especialistas en salud destacan que los pasatiempos funcionan como factores protectores frente al agotamiento mental, al permitir que el cerebro se desconecte de tareas orientadas a resultados y se involucre en actividades intrínsecamente gratificantes. De acuerdo con UCLA Health , las personas que mantienen al menos un hobby reportan un mejor estado de ánimo, una mayor autoestima y una reducción sostenida del estrés, además de beneficios cognitivos como una mejor atención y memoria. Estos efectos positivos también se extienden al plano físico, ya que la reducción del estrés crónico impacta favorablemente en la salud cardiovascular y el sistema inmunológico.
Además, pueden fortalecer el sentido de propósito y la identidad personal, especialmente cuando no están mediadas por expectativas externas o validación social. De acuerdo con la American InterContinental University , dedicar tiempo a actividades que se disfrutan por sí mismas favorece la motivación intrínseca, la creatividad y la percepción de una vida más plena y significativa.
En conjunto, la evidencia sugiere que los pasatiempos no son un lujo ni una pérdida de tiempo, sino una necesidad psicológica fundamental, cuyo valor se diluye cuando se transforman en tareas medibles, consumibles o sujetas a comparación constante. En una época obsesionada con medirlo todo, los hobbies representan uno de los últimos espacios donde no pensar no es improductivo. La pregunta, entonces, no es cuántos libros leeremos en 2026, sino si aún somos capaces de leer sin contarlo, sin mostrar que debería importar el rendimiento. Leer no es una carrera; Crear no es una competencia, ni es necesario tener materiales en tendencia ni hacer actividades a la perfección. Porque cuando los pasatiempos dejan de ser refugio, perdemos algo más que tiempo libre: perdemos un espacio esencial para pensar, sentir y simplemente ser y disfrutar.

Autor:Observatorio de Innovaciòn Educativa Fuente:https://observatorio.tec.mx/cuando-los-hobbies-dejan-de-ser-refugio-y-se-convierten-en-rendimiento/