Grupo Loga | como-ayudar-a-nuestros-alumnos-a-tener-altas-expectativas

Cómo ayudar a nuestros alumnos a tener altas expectativas

Cuando las expectativas de un tutor son altas, pueden ayudar a un alumno a descubrir de qué es capaz.



Hay alumnos de nuestra tutoría que están convencidos de que no son buenos para las matemáticas. Otros piensan que escribir no es lo suyo, que nunca serán capaces de hablar en público o que estudiar mucho no sirve de nada porque «yo no valgo para esto».
Y luego están los alumnos que, quizás sin grandes resultados académicos, tienen una enorme capacidad para resolver problemas, para convencer a los demás, para cuidar de sus compañeros, para hacer preguntas interesantes o para perseverar cuando algo realmente les importa.
Esto
nos hace preguntar cuántos influye la opinión del profesor o tutor en lo que un alumno acaba creyendo que puede llegar a ser oa hacer.
Antes de contestar, todos los tutores y profesores deberíamos conocer elfenómeno Miguel Ángel.

Hace poco leímos que Miguel Ángel no entendía su trabajo como el de alguien que «estaba creando» al David a partir de un bloque de mármol. Él dijo que la figura ya estaba allí y que su tarea consistía en retirar aquello que sobraba.
Siglos más tarde, un grupo de psicólogos encontró un patrón parecido en las relaciones humanas: las personas cercanas a nosotros, parejas, amigos, profesores, pueden ayudarnos a conocer la mejor versión de nosotros mismos cuando reconocen de forma constante nuestras cualidades y garantizadas en nuestro potencial. A ese fenómeno lo bautizaron como el "efecto Miguel Ángel".

Aunque las investigaciones originales se centran en vínculos afectivos, la idea se puede aplicar en las aulas. Los alumnos tienden a convertirse en la versión de sí mismos que los adultos importantes en su vida les devuelven una y otra vez. Como tutores, deberíamos ser capaces de descubrir qué fortaleza tiene cada alumno para poder llegar lejos.
Nuestros alumnos no son bloques de mármol que tengamos que transformar. Nosotros tampoco somosquienes sugerimos quiénes deben llegar a ser, pero sí podemos convertirnos en una de esas personas cuya mirada les ayuda a descubrir posibilidades que todavía no ven.

¿Cómo lo hacemos nosotras desde nuestras tutorías? Básicamente de tres formas diferentes:
1. Conociendo las fortalezas antes que las notas de cada alumno.
Antes de juzgar el nivel de un alumno o alumna por sus notas, intentamos averiguar qué se le da bien. Si es posible, preguntamos a las familias qué cualidad esperan que los profesores noten en su hijo o hija ese curso. Las respuestas casi nunca hablan de calificaciones, sino de curiosidad, sensibilidad, tenacidad o liderazgo natural. Cuando no es posible recoger esa información de las familias, se lo preguntamos directamente a ellos pasando un cuestionario en clase, y para quienes creen no tener ningún talento particular, se convierte en la primera prueba de lo contrario.
2. Dejando que las fortalezas definan el punto de partida, no la meta.
Que todos los alumnos deban alcanzar el mismo objetivo de aprendizaje no significa que deban empezar de la misma manera. En una clase de historia, por ejemplo, ante un mismo documento que deban comentar, un alumno con un aprendizaje más visual puede empezar dibujando una línea del tiempo, otro más verbal puede preferir formular preguntas por escrito, y un tercero puede necesitar comentarlo en voz alta con un compañero antes de escribir nada. Minutos después, los tres convergen en la misma tarea: redactar un análisis argumentado. Ofrecer distintas puertas de entrada no es rebajar el nivel; es reconocer que existen varios caminos legítimos hacia la misma exigencia.
Para ello, el tutor debe informar a todos los profesores de qué fortalezas ha detectado en cada alumno o alumna al principio de curso.
3. Poniendo nombre a la fortaleza, no solo al resultado.
La retroalimentación genérica ("buen trabajo", "bien hecho") rara vez ayuda a un alumno a entender por qué algo le salió bien. Cambia mucho decir, en cambio: "tu capacidad de observación te permitió detectar algo que nadie más vio" o "tu forma de razonar paso a paso hizo que este argumento fuera muy sólido". Nombrar la fortaleza detrás del logro no solo mejora el trabajo puntual, con el tiempo, transforma la manera en que el alumno se percibe a sí mismo. Un alumno que se define como "malo en matemáticas" puede, tras meses de que se reconozca y refuerce su pensamiento lógico, empezar un verso como alguien capaz de resolver problemas complejos. Y esa nueva imagen de sí misma suele traducirse en mejores resultados.
Miguel Ángel no creía estar inventando al David, creía que ya estaba ahí, esperando a que quitaran lo que sobraba. Enseñar se parece bastante a eso. Ningún alumno empieza el curso como una hoja en blanco; todos traen consigo fortalezas que aún no han sido nombradas ni puestas a prueba.
Mantener expectativas altas para todos los alumnos y alumnas y, al mismo tiempo, permitir que cada uno encuentre su propio camino para alcanzarlas no son objetivos contradictorios. Quizás esa sea la verdadera lección del efecto Miguel Ángel: los mejores docentes no buscan moldear alumnos idénticos, sino ayudar a que cada uno descubra a la persona notable que ya llevaba dentro.

Autor:Éxito Educativo
Fuente:https://exitoeducativo.net/cuaderno-tutoria/el-efecto-miguel-angel-como-ayudar-a-nuestros-alumnos-a-tener-altas-expectativas